
Rápidito y a lo que vamos:
Desde que llegué a la ciudad he comido como marrano.
Bueno, posterior a esta confesión, ahora sí; lo que importa. El llegar a Cholula ha impactado fuertemente en mi cadera (sí, ya soy casi como shakira), cuando estaba en Reynosa acudía a un gimasio, salía a correr y comía mugrero en menor cantidad; pero ¡BUM! llegué a cholula y me empeñé en ser un obeso sin remedio.
Hace un rato salí en bicicleta (sí, la que mostré anteriormente) en un recorrido a 6 kilómetros (ida y vuelta) a buscar gimnasio, tiempo atrás junto con Piña lo había logrado, teníamos dos a la vista pero la flojera se apoderó de mi, imaginémosla como un niño pobre… mejor aún ¡5 niños pobres!, avienten una hogaza de pan entre ellos y vean como disputan… algo así me tomó la flojera; hoy sentí la necesidad, pedalié’ combatiendo al cansancio, mi abdomen el cual me rebotaba en la cara y el tráfico citadino, el cual no es muy amable que digamos.
Gimnasio Aguilar, es el nombre de mi nuevo dojo, mi segunda casa (aparte del DF), mi… mi… bueno al chiquero que iré continuamente —si mi determinación lo logra—, espero poder acudir trotando después del primer mes de entrenamiento.
Así mismo decidí comer menos mugrero *bueno, solo unos bimbuñuelos y ya*, cené una rica —sí, no miento, lo estaba— ensalada de atún con complementos crujientes que compré, léase: crutones y tortillas de maíz en tiritas + una galleta integral, que rico *medio sarcasmo*.
Anyway, supongo me torturaré comprando camisetas Threadless que no me queden (:









